Recientemente un amigo me habló acerca de un formidable hallazgo arqueológico cuyo objeto había permanecido entre los muros de su casa durante años y años.
Cuantas veces olvidamos pequeñas cosas a las que no dimos importancia en su día y que, condenadas por el menosprecio de la cercanía en el tiempo, hicimos dormir el sueño de los justos relegadas al fondo de ese cajón o entre las páginas de aquel libro que nunca tuvimos intención de volver a abrir. De repente un buen día después de muchos el azar nos lleva a tirar del cajón y rebuscar allá en el fondo, o a abrir el libro decididos a confirmarnos en la intención, y es entonces cuando reaparecen en un destello mágico de esos que, solo muy de vez en cuando, nos depara la vida. Como el rayo se va la mente atrás, muy atrás en el tiempo bien agarrada al corazón que se deja arrastrar entregado...
aquella pequeña cosa nos arrebata desgarradora hasta otra época, hasta otros nosotros, diciéndonos que cualquier tiempo pasado fue anterior... ni mejor ni peor, pero anterior.
Y un destello así se me agarró hace unos días cuando este amigo tuvo a bien hacerme llegar ese hallazgo. Fue inevitable volar hacia otro tiempo en que todo se vivía de forma más inocente, más sincera. Me hizo recordar lo que fuimos, pero con los ojos de entonces. Me llevó a un tiempo que irremediablemente se ha perdido.
Este hallazgo es un legajo, quizás el más primitivo con que cuente (casi sin que lo supiéramos) ese deseo de amistad que convinimos en llamar Los Trotabares. Sobre un soporte que nunca tuvo intención de perdurar en el tiempo, una servilleta, nada menos que nuestras reglas fundacionales, escritas en una de aquellas veladas de ensaladillas incomestibles (y aún así cuánto sabor dejaron) e incienso.
Las quiero compartir con todos uds. Decían así:
Reunidos en Utrera a 12 de Abril de 1997, Anno domini nostrum gambrinus, los muy borrachos señores aquí presentes:
D. Canijo Ramírez Garrido
D. Antonio José De Lara Hernández
D. Alejandro me río de tu porra
D. Juan Bautista Manuel De Lara Sánchez-Noriega
D. David Sánchez Ruiz
D. Gabi Quintana Rodríguez
D. Javi Boje Pacheco y
D. Rosendo Jiménez Pardillo
En dudoso uso de sus facultades mentales, acuerdan las siguientes reglas fundacionales de la muy alcohólica sociedad de Trotabares de Utrera, en adelante ´´Los Trotabares´
Capítulo primero (de la concepción y naturaleza de los trotabares)
1- se entenderá por los trotabares al grupo formado por los firmantes del presente documento, en tanto que, conscientes o inconscientes, por los efectos del alcohol en el organismo humano, se ciñan a las reglas fundacionales y a las enmiendas futuras que vengan a perfeccionar a las mismas y honren y veneren a nuestro Dios Gambrinus, al menos una vez al mes en un templo oficial de los trotabares, que será cualquier establecimiento expendedor de bebidas en cuya etiqueta aparezca nuestro Dios Gambrinus.
Capítulo segundo. (de las normas de comportamiento de trotabares)
1- Un trotabar beberá cerveza etiquetada con la imagen de Gambrinus preferentemente, pudiéndose sustituir esta por cualquier otro liquido de naturaleza etílica cuando no se den las condiciones propicias para la ingesta de este sagrado liquido.
2- Un trotabar prescindirá de todo ejercicio físico que procure la mejora de sus condiciones físicas, especialmente aquel que tenga por fin la reducción de sus apósitos abdominales.
3- La tendencia natural de un trotabar será la de perder toda noción de conciencia siempre que se encuentre acompañado de otro trotabar( a este acto se le denominara desvariar.)
4- Siempre que sea posible un trotabar intentara por todos los medios eximir cualquier responsabilidad, sobre cualquiera que fuera o fuese el trabajo a realizar, ya sea físico psíquico o económico alegando siempre una excusa, la cual puede ser real o de ficción, pues realmente dará igual.
5- De forma extraordinaria, los miembros de la orden trotabar o en su caso alguno de ellos, cuando el resto no puedan, procederán a la peregrinación conocida como ´´desvarie´´ al lugar fijado por los mismos como era la cancela del campo de nuestro miembro ´´el Porras´´ siempre en un Domingo de madruga y hasta las claras del alba.
Mi amigo ha incluido un sexto artículo que a buen seguro no estaba en la redacción original pero ¿quién dijo que un constitución no se puede reformar? Es éste:
6- Juanlu, corresponsal en el extranjero ha exportado la moral y el espíritu trotabar, mas allá de nuestras fronteras, transmitiendo el folklore y las costumbres de los firmantes, así pues, ante todo santificaremos las fiestas, no tomaremos el nombre de gambrinus en vano y beberemos hasta olvidar y escribamos nuestros más tristes versos. Sin mas:
LOS TROTABARES
Estos últimos días he creído ver en este documento el punto de inflexión que no sabía ubicar, aquello que llaman el eslabón perdido, el momento en que empezamos a dejar de ser sencillamante (inocentemente) un grupo de amigos para empezar a ser una sociedad regida por normas y por el peso de las más falsas de las costumbres, las tradiciones.
No es que me queje, no (ya dije antes que cualquier tiempo pasado fue... anterior) pero discúlpenme... me ha invadido la añoranza de una inocencia que se ha perdido para siempre. Quizás es ley de vida, como cuando el adulto va ocultando entre capas tejidas de tiempo al niño que fuimos -perdonen que me repita- al que somos. Quizás es que me he topado con una de esas pequeñas cosas y el presente no ha resistido el fogonazo de lo pasado, ya ven que tontería... por una servilleta. Quizás...
... o igual es que me va a bajar la regla.
Inocentemente suyo, Toro López.



