Hasta ahí sencillo. El problema vino cuando me puse manos a la obra y me di cuenta de que mi escáner se había quedado un pelín antiguo, tanto que era incompatible con mi ordenador (algo menos antiguo) vamos, que tengo escáner pero como si no lo tuviera. No pasa nada, me dije, esto lo arreglo yo echándole una fotito con la cámara a la invitación... me di cuenta entonces de que a pesar que Dios me dio una belleza indiscutible y un cuerpo alto y musculado, no me dio el don de la fotografía (qué suerte tiene García -el de Foto García- a él sí le dio las tres cosas)
Bueno, no desesperemos. Es Domingo por la noche y esto tenía que estar colgado hoy pero tranqui... que ahora mismo lo soluciono. Se llama a la interfecta y se le explica el problema, ella me manda la tarjetita por correo y solucionado. Piticlín, piticlín... no me lo coge.
Y llegó el lunes y tampoco. Y llegó el martes... piticlín, piticlín... ¿dígame?... -¡salvado!- ok, te la mando por correo. Tic, tac, tic, tac... las nueve y no me ha llegado.
Ya está. A situaciones desesperadas medidas desesperadas. No tengo ninguna foto de Patricia con la que hacer una invitación pero... no se puede negar que se parece mucho a su madre. A ver... recorto por aquí, pego por allá... ¡listo!
Pues no ha quedado mal, la verdad es que no creo que se note...
¡Tilín! Llaman a la puerta... vaya, si es el padre de la criatura -aquí te traigo el ordenador con la foto, es que tengo fastidiao el interné.-
Pues ya ven, en el mundo de los trotabares todas las historias tiene un final feliz, así que aquí tienen todos la tarjeta de invitación para el bautizo de Patricia que, si dios quiere (y si no quiere es que la cosa está bien jodida) será el próximo sábado a las 9 de la tarde en Santa María. Y luego todos al campo de Yoli a celebrarlo. Esperemos que esta vez no se pasen con los efectos especiales como cuando el primer cumpleaños de Jaime.


