domingo, 6 de julio de 2008

Últimas revelaciones sobre la figura de Colón

Cristóbal Colón, navegante de origen oscuro aunque tradicionalmente se haya convenido que vio la luz por primera vez en Génova, se mueve, especialmente en las primeras etapas de su vida, entre la historia y la leyenda. Su rostro ha sido representado gráficamente a lo largo de la historia en numerosas ocasiones en grabados, óleos, frescos y, ya en el siglo XX, a través del cine, al que su personaje ha sido llevado en al menos ocho ocasiones. Una de las más celebradas fue la película Cristóbal Colón de Oficio... Descubridor dirigida en 1982 por las expertas manos de Mariano Ozores y protagonizada por el poseedor de un Goya de la Academia, Andrés Pajares.

Sin embargo, todas las representaciones físicas del descubridor del nuevo mundo no son sino idealizaciones del personaje histórico ya que Colón nunca posó para un retrato y no se conserva documento alguno en que se recoja una descripción detallada de los rasgos físicos del navegante. Así la convención ha venido a representarle con una serie de rasgos y atributos que se repiten a lo largo de los años, desde su epopeya de 1492 hasta nuestros días. Estos rasgos responden a los usos de aquellos años de transición entre el Medioevo y el Renacimiento y son más evidentes en el peinado y en ciertas prendas de uso común entre la incipiente burguesía de la época. Todos estos retratos representan a un varón maduro que responde al canon de la época: melena corta, en muchas ocasiones cana para añadir un toque de digna senectud, facciones redondeadas, ropajes propios de un burgués, postura hierática y mirada que trasciende lo cotidiano, transida por el peso de una misión elevada como corresponde a alguien que se sabe instrumento de la historia.

Ha debido ser la tecnología en su imparable labor de acoso y derribo de lugares comunes la que haya hecho, una vez más, tambalear los cimientos de esta convención iconográfica. Si en el pasado año 2006 se hacían públicos los resultados del estudio al que el equipo del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada había sometido los restos óseos que descansan en la tumba del Descubridor de América en la Catedral de Sevilla según el cual, el cotejo con los restos de Diego Colón, hermano menor del Almirante, que se conservan en la Cartuja de Sevilla, confirmaba definitivamente que los huesos del templo hispalense pertenecen a Colón, ahora un equipo multidisciplinar de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la República Dominicana, país que rivalizaba con Sevilla por albergar la "auténtica" tumba de Colón, publica los resultados de una sorprendente investigación en la que ha venido trabajando desde el 2003.

Según publica la Revista de Estudios Históricos de la citada universidad dominicana, un equipo de científicos entre los que se encontrarían expertos en genética e historiadores ha logrado reconstruir infográficamente el rostro de Cristóbal Colón a partir del ADN contenido en los supuestos restos del Almirante que descansan en la ciudad de Santo Domingo (hay que recordar que las autoridades dominicanas se negaron a que los restos de Diego Colón pudieran cotejarse con los supuestos restos del descubridor en aquel país americano)
Esta reconstrucción de lo que fue el rostro real de Colón presenta una imagen tridimensional que nada tiene que ver con la imagen convencional que hasta ahora conocíamos por sus retratos. Los expertos de la universidad dominicana han reconstruido la cara escalofriante de un hombre rudo y corpulento, que no vestía ricos ropajes sino que iba prácticamente desnudo y que (es lo más sorprendente de todo) llevaba gafas, algo sumamente raro en una época en que los problemas oftalmológicos apenas tenían tratamiento.

El blog de Los Trotabares está en condiciones de ofrecerles en primicia absoluta la imagen reconstruida a partir de los restos de su ADN de lo que fuera el rostro real de Cristóbal Colón, quien por la importancia de su descubrimiento pude decirse que es el hombre y el nombre más importante de la historia moderna.


viernes, 4 de julio de 2008

!miraaaa, detrás tuya viene un mariqita...!

Sí amigos, llega el verano y con él las calores, y con las calores el reblandecimiento cerebral y la manglanitis, que es una variedad autóctona de la flojitis. Variedad pandémica y que se circunscribe a estas fechas en las que se puede freír un huevo en la tapa de una alcantarilla. Y como he pillado una manglanitis de caballo que me tiene atenazadas las meninges y me impide desarrollar cualquier otra actividad intelectual que valla más allá de la mera palpación del escroto o el tacto de gónadas voy a seguir el ejemplo de las televisiones en verano y les mantendré este humilde blog a base de refritos y reposiciones.
Para empezar les dejo con un comentario que hace un año por estas fechas escribí para otro blog que suelo frecuentar. Es una história verídica y muy veraniega. Sírvase bien fría.

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A veces el devenir nos deja en posturas ciertamente ridículas. Aunque en el fondo la ridiculez no nace más que de mostrarnos ante los ojos de otros tal y como somos, sin mayor pose.

Les cuento un sucedido de esta misma mañana sin ir más lejos. Salí de casa en dirección a la peluquería… qué coño la peluquería, a la barbería, ese tradicional ágora ibérico, para dar buena cuenta de mis greñas. Como hacía calor y no había mucho donde elegir me había puesto mi recien adquirida camisa hawaiana (fue un raptus, a veces vertise con sinécdoques es una forma de acercarse a otros paraisos) y así caminaba yo por una solitaria calle del centro. Delante mia y avanzando en el sentido de mi marcha tan solo una venerable anciana a paso prudente y unos metros más adelante, apostado al cobijo de una sombra frente a una pescadería uno de esos individuos pintorescos que pueblan toda calle centrica que se precie. Camisa habanera por fuera -que el verano tiene sus ritos- y en la cara una mueca burlona. Había algo extraño en su forma de mirar.

De repente el individuo se dirige a la anciana -¡miraaa, detrás tuya viene un mariquita!- la anciana que no reacciona y el individuo de nuevo a la carga -¿tas fijao que viene un mariquita detrás tuya? ten cuidao…- no más que una leve torsión de la cerviz en la anciana y yo que no doy crédito.
La calle estaba desierta. Nadie más en el reparto que el varón joven con camisa hawaiana, la anciana venerable con cardado violeta y el individuo pintoresco con camisa habanera. Supongo que la reacción hispánica cañí hubiera sido un “tú a mí eso no me lo repites” o… "a mí no tiene güevos de llamarme eso ni mi padre”. En lugar de eso yo solo me preguntaba

1) ¿cómo era posible que este individuo pudiese prescindir de su barniz de diplomacia de esa manera?
2) era verdad que la camisa hawaina me daba ese toque… alegre y... sobre todo
3) si quien seguía a la anciana era “mariquita” ¿por qué tendría ella que tomar precaución alguna?

A la tercera intervención del individuo insistiendo en el “ten cuidado” cuando ya la anciana y yo estábamos a su altura, le interpelé -si soy mariquita quien tiene que tener cuidado eres tú, bombón- a lo que el individuo de cuya cara se acababa de borrar la mueca burlona (entonces puede comprobar que lo extraño de su mirada era un severo estravismo) respondió en tono lastimero -nooooo, que no te lodisho a ti, miarmaaaa.

En ese momento miré hacia atrás. A unos 50 metros, siguiendo el séquito de la anciana y el de la camisa hawaiana avanzaba un anciano venerable que acababa de salir de su casa. Lo entendí entonces. Agaché la cabeza y seguí camino.